Introducción

El zodíaco lunar arbóreo celta está configurado por la antigua secuencia irlandesa del alfabeto y calendario de los árboles, conocida como alfabeto de Ogham. Se trata de 13 meses lunares de 28 días, nombrados según el árbol/planta predominante de cada luna del año. Hay además un día extra, 23 de diciembre, conocido como “el día sin nombre”, cuya planta regente es el muérdago, antigua panacea. Cuando casi toda Europa se cristianizó, los conocimientos de la antigüedad sobre la observación de las estaciones climáticas, sus arquetipos, las plantas que daban su fruta o flor durante dichas estaciones y los eventos astrológicos particulares de cada una de ellas sobrevivieron en las islas británicas hasta entrado el siglo XVII. La cultura “celta” es entonces suma y síntesis de saberes ancestrales provenientes de las culturas pre-griegas (pelasgos, tracios, aqueos, etruscos, etc.); semíticas (cananeos, fenicios, hebreos, etc.) y del norte de África (Egipto, Babilonia, Sumeria). Aunque el calendario de los árboles sobrevive como una secuencia de letras del irlandés antiguo, reconstrucciones históricas como las de James Frazer, Robert Graves y Martin Bernal, revisiones como las de la antropóloga Anamaría Ashwell y la astróloga Helena Paterson confirman en él la permanencia de complejos sistemas filosóficos y mágico-religiosos similares, basados en la observación del mundo natural, las estaciones y las estrellas.

Hoy la antropología reconoce un proceso histórico de masculinización mitológica que fue común en toda la humanidad y tiene alrededor de 10.000 años. Los calendarios más antiguos eran de 13 meses -siendo el 13 un número lunar por ecxelencia- y pertenecían a culturas ancestrales con dominante femenino, razón por la cual los romanos estabilizaron el año con una cuenta de 12 meses; establenciendo un zodíaco editado, acomodado a las nuevas demandas teológicas y sumándose al resto de las culturas patriarcales. El zodíaco lunar arbóreo celta es entonces un legado indoeuropeo, del Asia Menor y del norte de África; además, es un zodíaco que implica un predominio de los arquetipos femeninos. Por todo esto debemos comprenderlo como un conocimiento subalterno, que merece reivindicarse y que tiene una gran pertinencia en nuestros tiempos de revoluciones y cambios sociales.

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